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Las cabeza más optimistas vemos ir llegando, de lejos,  la primavera, y con ella el deseo de ir dejando atrás piezas y piezas de ropa de abrigo. Gruesas capas de las que nos  vamos deshaciendo con la pasión de encontrar los rayos de sol calentando partes de piel, hasta ahora a oscuras.
Que placer, y que suplicio a la vez.
Llega el momento en el que, al hacer revisión parte por parte y centímetro a centímetro de mi piel, me sorprendo con una piel seca, escamada, por no hablar de la blancura nuclear deslumbradora con la que casi podría iluminar una calle a oscuras!.
Me revelo, despliego una infinidad de recursos, y tras un peeling corporal intensivo, y una visita “más que prolongada” a la planta de cosmética del Corte Ingles, empiezo con la rutina primaveral…. HIDRATACION!!, y no sólo a base de beber litros de agua, mi lista empieza tras ordenar “Toooodos” mis productos de belleza (y doy fe que no son pocos)… Y cómo lo de hacer listas, es lo mío, priorizo en riguroso orden de necesidad:
Leche hidratante, aceite de rosa mosqueta, aceite corporal de Argan, solución de colágeno hidrolizado, sérum reparador nocturno, loción luminosa, Bathina,  crema de día, crema de noche, crema de manos, crema corporal bronceadora, crema crema, crema…… socorro!!!
Creo que me he saturado. ¿en serio necesito todo esto?. Buff, la voz de mi conciencia, que se muy bien a quien pertenece, me repite, como “voz en off in crescendo”…. Back to basics, back to basics!!
Así que, confieso, empezaré por el principio, me tiro a la lata azul de Nivea, que vale para todo, mientras voy incorporando progresivamente áreas corporales de rescate en mi operación “puesta a punto”.
Hasta pronto!

Foto: Concentre de Lait de l’Occitane en Provence. Pulsera Vintage.