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Me encuentro en un dilema canino.

No, no me están creciendo colmillos nuevos, ni mi olfato se está agudizando. Simplemente me encuentro en aquel momento en el que todo niño, llegado a una edad, pide a su madre (en este caso yo, de ahí el dilema), tener un animal en casa.

El animal en cuestión es un Perro ( de ahí lo de canino).

He pasado por una pecera, la experiencia fue buena, pero no acabó bien. No para mí, en medio de un traslado de casa, de ciudad, de vida…la pecera se rompió y el final de los pobres peces no fue el más idílico posible.

Cayeron unas cuantas lágrimas por la perdida, y no fueron precisamente de mi hija… (de ahí el debate), lloré a moco tendido por que entre cristales rotos, agua, piedras y filtros agonizando, perdí de vista a los 3 habitantes de la pecera y acabaron mal… que agobio. Mi hija ni preguntó por ellos.

Yo tuve un Perro, Yo ya tuve a MI perro. Con mayúsculas sí.

Fue el gran amor de mi vida, antes de enamorarme de mi marido. Fue mi mejor y más fiel amiga, antes de encontrar a mi mejor amiga. Fue todo, mi compañera, mi guía, mi primer amor, mi primera experiencia maternal, mi “Alter Ego”.

Se hizo mayor, enfermó, y mi primer amor, mi mejor y mas fiel amiga fue también mi primera gran perdida.

Dolió. Desde entonces, aunque me encantan los perros, no me había planteado repetir la experiencia. Os prometo que ni se me había pasado por la cabeza.

Pero aquí estoy, de nuevo, con un debate canino de magnitudes enormes.

YO se lo prometí. ELLA se lo creyó (por algo soy su madre). ÉL se resiste, y mi hijo de 4 años exige un León si su hermana tiene un perro!.

Pero os diré la verdad, y de ahí el debate, y la foto. me siento como Carrie,  estupenda y glamurosa,  y me veo con mis tacones y mis faldas tubo sacando a pasear “al perro de mi hija”, porque no nos engañemos, será de ella, pero las obligaciones mías!!

Me siento como Carrie, ahogando mi dilema en dulce por una promesa no cumplida.

Me siento como Carrie, cayendo en el dilema, girando la cabeza y viéndolo a él, tan grande, tan buenazo, tan canino!!!, con esos ojitos  tristes que susurran “adoptame, adoptame…”