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Llueve!, después de semanas, casi meses sin una gota de agua caída del cielo está lloviendo, 2 días seguidos nublados y grises, y a mí me encanta!!.

No, no me he vuelto loca, en absoluto. Por fin puedo ponerme de nuevo mis Hunter rojas, desde que las compré apenas han salido a pasear una vez, y la inversión no estaba amortizada en absoluto.

Pisar tierra, barro y charcos, eso mola cuando tienes niños o cuando tienes un perro que sacar a pasear, o cuando simplemente te apetece calzarte unas Hunter.

Las cosas han cambiado mucho desde que era pequeña. Mi madre me llevaba las botas de agua a la salida del colegio, en días lluviosos. El camino a casa era muy divertido, con mi chubasquero, y bajo un paraguas transparente, puedo recordar de manera muy vivaz a mi madre caminando tras de mí, charlando con alguna mamá de mis compañeras de colegio. mientras nosotras chapoteábamos sin parar y jugábamos a saltar ríos, océanos y lagos. Recuerdos, divertidos, que me hacen pensar cómo han cambiado las cosas desde entonces. En aquellos años, las “mamas” no llevaban botas de agua.

Ahora, gracias a las “archiconocidas” Hunter, toda mamá que se precie de “fashionista divertida”, nos calzamos unas cuando la lluvia nos invade en horario de colegio. Comodidad, moda y practicidad se unen para hacernos la vida más fácil. En cualquier color, en cualquier formato, un guiño a las mamás de hoy en día, que fuimos crías hace unos pocos años, un guiño a todo aquello que nos haga regresar a unos años en los que nada debe importar más que ser feliz, la infancia!.

y tu ¿utilizas botas de agua?