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Shoes by Valentino, TShirt by Karen Miller, bracelet by Uterqüe, skirt by Cortefiel

Hay días en los que sin saber el por que, me veo envuelta en una cadena de declaraciones.
Me despierto como cada día, a la misma hora, con las mismas ojeras, la misma ropa colgada en mi armario, y con las mismas ganas de siempre de tomarme ese café matinal que en el delicioso momento que llega a mi estomago, me abre las puertas al mundo, poniendo la tapa al compartimento de mis pilas recargables.

Nada hace preveer, que en el día de hoy, seré la caja contenedora de los secretos y confesiones de mis amigos., o mirándolo de una manera más práctica, seré ese Kleenex impoluto y milagroso que aparece siempre en el momento más oportuno, en el bolsillo más olvidado de mi bolso de Prada, para luego ser usado , magreado, ensuciado, y depositado en la papelera, donde queda de nuevo renegado al más poderoso olvido hasta su reciclaje, si se selecciona bien la basura, claro está.

Cuando en el primer encuentro de este día una de mis mejores amigas confiesa entre sollozos la sospecha de una infidelidad de su marido, mi primera reacción siempre es la de abrirme de par en par, empatizar y dejar entrar todo aquello que mi queridísima amiga quiera dejar ir, tranquilizarla escuchando, vamos, como coloquialmente diríamos ¨ la dejo soltar el papo hasta que bacíe la garganta” .
Luego, al despedirnos, la veo irse con los ojos enrojecidos, pero más tranquila y relajada al soltar de bocajarro al fin todo aquello que había acumulado, y yo…. Yo en dirección contraria, me dirijo al trabajo con una ligera presión en el estómago, será el efecto de la segunda taza de café.

Durante la comida, una comida improvisada con una compañera de trabajo, esta confiesa que está pensando en cambiar de empresa, y de echo entre el primer y segundo plato, esa intención de cambio se convierte en una rueda de entrevistas superadas y en el último eslabón de la selección. Ohhhh!! Sorpresa,¿ tengo que alegrarme por ti?, o ¿quizá tengo que entristecerme por mi y lo que significa?, uff
– Vale, no diré nada- y regreso a la oficina con esa presión “increccendo” en mi estómago.

Tras dejar atrás la incomoda silla de despacho que tan amablemente recoge mis posaderas durante largas horas, y con una productividad en negativo, debido, claro está, a que mis pensamientos se pierden entre el morbo de quien será el pendón que se acuesta con el marido de mi amiga, y con quien iré a comer en el caso de que mi compañera de trabajo consiga su nuevo trabajo soñado.

Quiero irme a casa, si, a casa. A hacer todo aquello que tengo pendiente, para poder sentir que en el día de hoy he hecho algo!!!.

Y de camino a casa recibo un mensaje de una tercera amiga, 3 palabras:
-“Gabinete de crisis”- uffff, por favor. Salgo corriendo. Esto es importante, seguro.
Así que dejo de lado la colada, acabar de baciar las cajas de la mudanza, nada de recoger mi abrigo de la tintorería, y por supuesto, paso de ir al super!.

Al llegar al punto de encuentro, ya me esperaban mis dos fantasticas amigas. Las que me alegran los ratos libres .

Y de nuevo otra angustiosa confesión!!!!!!.
Pido un café. El cuarto. Y mi estomago se resiente de nuevo.

Y por fin, llego a casa.

Me quito los zapatos, abro la nevera, y no hay casi nada.
Tengo cajas por todas partes.
Empieza a hacer frío y mañana me iría de perlas mi abrigo de lana, ese que no he pasado a recoger por la tintorería.

En ese mismo instante recibo un mensaje de texto en mi mobil.
– Gracias por escucharme hoy, me siento mejor-
Luego otro:
– Gracias por compartir mi secreto. Se discreta please-.
Y un tercero:
– Os quiero chicas, gracias-.

Sí, se me escapa una sonrisa. Hoy he sido útil, muy útil. El día no ha sido tan barato como pensaba. Aunque por otro lado, esas confesiones descargan a quien las hace, pero quien las recibe carga con un pedazo, por pequeño que sea, y hace que los pensamientos se pierdan en ellas sin querer

En la caja contenerora no cabe nada más, en el bolsillo olvidado de mi bolso, no quedan más kleenex, y yo estoy cansada, me duele la cabeza, y tengo el estómago revuelto.

Demasiados cafés en un día.