Hay colores con los que no suelo llevarme bien. Nos pasa a todos. Aunque me gusten muchísimo y estén presentes en prendas que me enamoran, soy consciente  no me sientan bien, no son mi color.

El color beige es uno de esos colores. Tenemos una relación de amor-odio importante. Yo suelo enamorarme cada temporada de un par de piezas en ese tono, y él, soberbio, se deja querer en su percha de camino al probador.

Pero pronto el odio llega a nuestra relación, nada más ponerme esa pieza de ropa encima, los dos sabemos que no tenemos futuro. Estamos condenados, yo desaparezco totalmente, mi tono de piel empatiza de tal manera con el color beige que desaparezco empalideciendo de una manera enfermiza.

Sí, por tozudez, la relación avanza queriendo dar una segunda oportunidad, esa prenda beige vivirá condenada en el fondo de mi armario sin ver la luz del día.

Sigo planteándome porqué, a sabiendas que el color beige no es mi color, sigo enamorándome cada invierno de un abrigo en ese color, o de un jersey…. Lo tengo claro, y es que una pieza de ropa va mucho más allá de un color, es el diseño, esas líneas que tengan el color que tengan van a atraer mi mirada, esas formas que me cautivan, o ese preciso volumen aquí a allí que son exactamente como a mi me gustan… y lo último, lo último en mi sentido de la visión estilística  es el color…

Pero debo confesar que para testaruda yo, y aunque se que no puedo pasarme con prendas en este color, se cómo darme el lujo de incorporar  con éxito en mi armario un par de piezas en tonos beige. El secreto, romper con fuerza esa monotonía que nos inunda a los dos nada más fundirnos. Por eso, lo tuve claro, cuando encontré en COS este jersey en tono beige claro supe que lo utilizaría con mi falda de cuero de H&M y unos botines negros. Es más, se me ocurren mil combinaciones posibles, todas con elementos potentes ( unos jeans rasgados, unos pantalones negros en cuero de Zara llenos de cremalleras, unos pitillos en color blanco, un abrigo navy en azul marino, una camisa azul claro, unos botines con estampado de leopardo, un foulard de cuadros burdeos de Hakei…) y siempre rematado con unos labios en color cereza, pestañas negras bien marcadas y fuerza en los pómulos con un brush de colorete en tonos rosas bien difuminados.

Ya lo ves, si hay colores que se te resisten, hay estrategias para que puedas llevarlos con acierto y hacer de ellos todo un éxito, pero no abuses, una pequeña victoria es siempre mejor que abarrotar tu vestidor de prendas que nunca vas a llegar a ponerte.

Si tienes alguna relación amor-odio con algún color en particular, y quieres ganarle la partida, te invito a que dejes un comentario y te daré alguna clave estilística para que puedas llevarlo con acierto.

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