Empiezo el año en blog en un enero tardío y con la certeza absoluta de que la constancia no es lo mío. Aunque reconozco que la falta de inspiración, en ocasiones, es la gran culpable de mi mutismo en la blogosfera.  Ella y mi gran timidez ante una cámara, hacen que muchas veces mil ideas se pierdan en fotos que van directas a la papelera de mi portátil.  Pero, con este post tardío, declaro que este año voy a tratar de luchar contra el objetivo de mi cámara, o mejor aún. Vamos a empezar un romance para enamorarnos el uno del otro, y empiezo por estas fotos y el cómo se me ocurrió combinar un chaleco de pelo blanco.

El pelo, en todas su vertientes, ha ganado un peso asombroso en los estilismos diarios. Ya no nos conformamos con sacar a pasear nuestras piezas de pelo solo en ocasiones, y hemos perdido, Gracias a Dios!, la sensación de parecernos al mismísimo “Yeti” cada vez que nos poníamos un abrigo o chaleco peludo.

Yo, pasé de un discreto chaleco de pelo negro, a uno beis. Le siguió es discreta distancia un abrigo en pelo negro, y más tarde otro en gris con una magnífica solapa peluda digna del Zar de Rusia, para llegar poco más tarde a chalecos y abriguitos en pelo de todos los colores habidos y por haber. Pero el blanco se me resistía.

Hasta que me enamoré de este chaleco blanco de Biancashop

No hay normas para él, acierto indiscutible sobre cualquier color, ya sea sobre un total look vaquero, o sobre un total look blanco impoluto. En invierno el blanco es un plus, y atreverse con el ya no es para valientes.

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