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by G.Bianca

Descubrí a Haruki Murakami como la mayoría de los lectores occidentales, tras ver la película  Tokio Blues.

Después de un prudente período de reflexión, no volví a tener contacto con el cine nipón en bastante tiempo, aunque confieso que algo de aquella película me sedujo poderosamente.

Un tiempo más tarde, y más por obligación que por pasión, visioné la película Dolls de TaKeshi Kitano. Bolígrafo en mano me disponía a hacer un análisis exhaustivo de la simbología del color en dicha película… el bolígrafo acabó perdido entre los pliegues del sofá, el portafolios tirado en el suelo, y yo me quedé, literalmente, pegada a la pantalla; con lágrimas pausibles recorriendo una y otra vez mis mejillas, y una extraña sensación de tristeza y desconsuelo en mi garganta, algo así como retener sin querer un sollozo que no podía salir.

No cabe decir que el análisis de color, fotograma a fotograma en la película Dolls es de los más espectacular que he visto nunca.

Tras aquella película, llego al azar un tema para crear el Mood Board que habría de inspirar mi primera colección: “Las artes marciales”…

El tema no podía ser más surrealista y poco evocador pero, de nuevo, la inspiración me sorprendió desmesuradamente y volvió a tirar de mi hacia confines orientales.

Busqué disciplinas varias en artes marciales, movimientos comunes en todas ellas, colores, y hasta diseño de objetos que tuvieran inspiración en dichas disciplinas. De allí nació una creciente obsesión por la “Verticalidad”, el color blanco, el rojo y el gris oscuro, la literatura y el cine oriental y el minimalismo puro. Perseguía la simplicidad.

Mis dibujos empezaron a ser una especie de versión “manga” de mi interpretación de aquel Mood Board. No puedo evitar rasgar los ojos de mis modelos y dejarme arrastrar por esos 3 colores que, en mi paleta cromática personal, se han convertido en colores primarios.

Volví entonces a Murakami a través de la Amante peligrosa, “Al sur de la frontera, al oeste del sol“, y seguí con “After Dark” y “1Q84“, hoy su última novela “Hombres sin mujeres“, me acompaña allí donde voy. En la ventana justo delante de mi escritorio, un Mood Board constante va cambiando de aspecto a medida que mi inspiración necesita un cambio de estación… pero el tema principal, sigue siendo igual de obsesivo.

Sigo con el negro, el rojo y el blanco.

Sigo buscando una verticalidad que me trasmita simplicidad.

Sigo inspirándome en la estructuración y la geometría de prendas y objetos.

Sigo rasgando ojos en cada dibujo.