Llegué hace tan solo unos días  de Nueva York con el extraño deseo de volver a mirar todos y cada uno de los capítulos de la serie ” sexo en Nueva York”, y maldiciendo, al mismo tiempo, mi manía de no programar casi nada antes de un viaje, para dejarme llevar por la inercia de la ciudad.

Creo que no hay chica de mi generación que no se sienta Como una Carri Bradshaw al visitar la ciudad,  seguro que no vamos a confesar ese deseo a voz en grito, pero todas deseamos vivir esa ligera sensación de libertad promiscua y desenfado estilístico de su protagonista al pasear por las calles más en “Vogue” de la ciudad.

Supongo, Y sólo supongo, que debe pasarles lo mismo a las chicas más jóvenes que crecieron con Serena Van der Woodsen de Gossip girl.

Esa sensación me hace pensar que todas llevamos algo de Carrie en nuestro interior, y es que la serie fue una radiografía de la mujer, una disección concisa de los deseos y anhelos que toda mujer joven o adulta lleva dentro. Ese desenfado natural en conversaciones “Sexualmente froidianas”, alrededor de la mesa de un restaurante súper “chic”, en frente de un plato a rebosar de ensalada que grita ” healthy” con naturalidad, ataviadas con cualquier combinación imposible que nos hace suspirar, pero que jamás seríamos valientes de enfundarnos en ella para tomar el café matutina en nuestra cafetería habitual.

Nueva York es una ciudad ecléctica que te lleva sin ni siquiera darte cuenta de ello. Caótica y desenfrenada, alarga su belleza tan lejos, que al volver a casa sientes que todavía no la has abandonado, y no lo has hecho porque aún no la has explorado a fondo. ¿Cuantos viajes nos harían falta para conocerla?, una ciudad donde te llegas a sentir “neoyorkino” nada más poner los pies en Manhattan .

En medio de la Marathon de Nueva York del pasado 1 de Noviembre, desde Harlem hasta Central Park, me sentí parte activa de ese delicioso bullicio; me puse en fila, a animar, por que tenía a quien animar en la carrera. Con entusiasmo, y entre aplausos y gritos de ánimo en todos los idiomas conocidos que pude identificar, me emocioné pensando que la gran manzana no pertenece a nadie en concreto, por que pertenece a todo el mundo.

El “subidón” fue digno de mencionar, y después de la comodidad de unas deportivas para patear la ciudad, al día siguiente decidí enfundarme un par de botas de tacón, un mini vestido, un sombrero, y salir a pasear palmito y “modelito”, con gracia por la 5ª Avenida, el Soho, China Town y acabar con una deliciosa cena en una terracita de un precioso restaurante ubicado en Little Italy.  El día fue espectacular, mis pies acabaron pidiendo a gritos un respiro, pero yo me sentía Carrie con un par de zapatos Sexys.

Ya de vuelta a casa, con la maleta cargada de algún que otro capricho para dar glamour al invierno, tardé 0,2 segundos en sacar del fondo de mi vestidor los pares de zapatos más altos y más sexys para darles luz y vida más allá de una cena, por que, para ser sinceras…. si Carrie podía ¿porqué no voy a poder yo?.

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