Una de las partes más divertidas de ir de vacaciones con niños, es vivir con ellos, y como otro niño más, todo aquello que les sorprende.

Como madre he pasado por varias etapas en mis vacaciones estivales, atrás quedaron esas caminatas interminables tirando de un carrito que, a medida que pasaban las horas pesaba toneladas, o los dolores de espalda nocturnos cuando ese carrito desaparece y no te queda otra que tirar de brazos. Las pausas para el biberón, la fruta y el cambio de pañales….. Sí, y también existieron esos momentos dulces donde el “renacuajo” que llevabas en el carrito se dormía por arte de magia, concediéndote un breve e intenso respiro, una hora a lo sumo, una hora en la que el carrito dejaba de pesar ( quizá porque su ocupante se mantenía inmóvil), y una hora en la que o bien descansabas o bien eras capaz de sentir tu propio dolor de pies!.

El tiempo pasa, las vacaciones se suceden cada verano, y  aunque los peques van creciendo poquito a poco, a medida que van sumando centímetros, el compartir momentos con ellos se va haciendo mucho más divertido que fisiológico. Voy a esplicarme mejor.

Yo ya no cambio pañales, pero me peleo con mi hija de 9 años para hacerle entender que no, no es buena idea ir en shorts si fuera del hotel hoy diluvia y las temperaturas han descendido 10 grados. Tampoco trasteo biberones y potitos, pero me rompo los sesos con las cartas de los restaurantes cada comida y cada cena, para que mi hijo de 5 años coma un poco equilibrado un poco!. Pero por otro lado, compartimos helados inmensos para intentar probar al máximo todos los sabores de la heladería que hemos encontrado en la esquina. Inventamos histórias de la gente que vemos pasar por la calle mientras tomamos una bebida en una terraza, y esas historias pueden convertirse en algo muy divertido te lo aseguro, la imaginación que llegan a tener los niños es “alucinante”.

Ahora, la proporción entre visitas a museos y parques está en un 30% – 70% … Pero el pacto es tácito, yo puedo sentarme en un banco  de un parque de Roma mientras ellos juegan una hora, para luego emplear el mismo tiempo en visitar el Coliseum despertando su interés al máximo con historias de gladiadores, leones y emperadores codiciosos.

Hemos evolucionado todos, adáptandonos a nuevas edades y maneras de ver el mundo, y sí, confieso que a veces esas preguntas inocentes me irritan un rato ( cómo cuando en el bufet del desayuno no paran de preguntarme  donde está el zumo, o las galletas, o las cucharas pequeñas…¿ Es que a caso piensan que me he levantado a las 6h de la mañana para supervisar que todo estuviera a punto?).

Sé que a mis hijos también les irrita mi afición por ir de tiendas, claro!, pero no dejo de torturarles con ello, y aguantan estoicamente el momento; supongo que entienden perfectamente que, en vacaciones, hay un momento para todos y para todo, entra dentro de nuestro “pacto tácito”.

Por ello, cuando hace un par de semanas visitando Florencia les hice acompañarme a la tienda Concept Store que LuisaViaRoma tiene en esta ciudad, no rechistaron.

Pero esta vez, debo decir que el placer fue mútuo. Un montón de pequeños Little Ponies y colores a manta distribuidos por toda la tienda, hicieron de un paseo entre firmas de lujo, una divesión infantil acertadísima, yo paseé, prové y compré, mientras mis hijos se divertían pulsando el botón rojo del escaparate una y otra vez para ver que  Little Pony se encendía cada vez.

Lo que ellos desconocían de su juego es que,  cada vez que pulsaban el botón rojo un pequeño Pony se iluminaba vestido con una pieza diseñada especialmente por nombres como Marni, Fendi, Kenzo, Delpozo y otros tantos, cada diseño será subastado en su momento y los beneficios irán directamente a parar a la fundación Save The Children.

Si visitas Florencia este verano, no dejes de pasar por la Concept Store de LuisaViaRoma situada en la Vía Roma 19/21r y vivir tu pequeña experiencia Little Pony, o pecar, como hice yo…. En palabras de mi hija, ¿otro bolso mamá?…. Pero esa, esa es otra história que ya os contaré.

Dress by H&M