El apego que siento a veces, por determinadas piezas que forman parte de mi vestidor, va mucho más allá de su valor real.

Se trata, más bien, de un apego y estima con un alto grado sentimental. Piezas heredadas, piezas regaladas, u otras compradas en algún viaje. Piezas tan mías, que forman parte de mis vivencias más personales, cual amuletos.

Una en especial, era un pequeño colgante que imitaba la forma de un colmillo, en color negro. Repito, “imitaba”, por principios jamás me colgaría del cuello un colmillo auténtico.

Esa baratija que compré en un mercadillo callejero de la India, me ha acompañado en multitud de ocasiones especiales, unas buenas, otras no tanto, pero siempre solía acariciarla, cómo queriéndole extraer su fuerza y magnetismo.

Manías a parte, esa pieza un día se rompió, y se volvió a romper más tarde, y luego murió del todo.

Así que, en ese momento me di cuenta que formaba tan parte de mí cómo mis propios recuerdos.

Bien, dicho esto, cuando algo tan preciado se rompe, hay que sustituirlo de inmediato. Soy de pocas piezas, pero todas ellas con su justo valor e historia; así hice,  sustituí mi viejo y pequeño colgante por uno más nuevo, más grande y más actual!.

La culpable, Maise Martí, de Silomm diseñadora de joyería y bisutería de alta calidad. Cada pieza, de espíritu artesanal, es diferente. Metales nobles y piedras hacen de sus colecciones una espectacular combinación de piezas innovadoras y de diseño atractivo.

Yo encontré la mía, la que desde hoy, pasa a formar parte de mi historia personal.

y tu, ¿tienes alguna pieza muy especial?…