Desde hace exactamente una semana, siento los efectos de una primavera temprana. Aunque, sinceramente, el tiempo ande revuelto, tengo la “primaveral” sensación de haber cambiado de estación.

De repente, he pasado  del gris a los tonos pasteles, sin piedad. Mi paleta cromática se despertó una buena mañana inundada de rosas, lilas,  tonos nudes y azul empolvado. Siento la necesidad vital de comprar flores, contra más rosas mejor (yo! que adoro los lílilums blancos), he cambiado las rosas rojas por el blanco más puro, y el rosado más “pink”. En mi mesa de trabajo, crisantemos en tonos lilas, sobre la chimenea una orquídea blanca y rosa, en el jardín hortensias blancas y lilas, y en mi armario los zapatos oscuros piden a gritos un relevo.

Es curioso como los colores nos inundan los sentidos de una a otra temporada, o mejor dicho cómo nos cambia el gusto hacia ellos al pasar de una estación a otra. Lo más curioso todavía es que no todas las primaveras me gustan los mismos colores, como no todos los inviernos me muero por el burdeos!.

La cuestión es que, mi armario invernal necesita un relevo, y yo necesito colores que me sumerjan en un cuento de hadas. Me van los malvas y por primera vez en mi vida siento necesidad de rosas!!

Así que, en este tiempo loco, lluvioso, con días fríos y otros cálidos después, que mejor que dejarse llevar por una paleta suave para la transición de vestuario.

Y como piezas clave; los abrigos livianos. En lino, en punto, en algodón… el trench más fluido para desafiar a las temperaturas más bajas de buena mañana, y sobrevivir a las subidas de termómetro que poco a poco nos van trayendo el buen tiempo. Dentro de nada, el horario cambia, tendremos más horas de sol, más horas par disfrutar, y esos días más y más largos que nos van trayendo temperaturas más templadas y agradables. Ganas de calor y verano!.

Y para que tomeis notas, aquí os dejo alguna de mis piezas favoritas para pasar con éxito estos meses de transición.

Os veo!