Hace algún tiempo ya, leí con especial avidez la biografía completa de Coco Chanel. (Una de las muchas claro está). Si bien no recuerdo todos los detalles del extenso libro que, recogía los elementos más importantes de su vida, sí que recuerdo que saqué conclusiones contradictorias de la lectura de sus páginas.

Digo contradictorias poque, a día de hoy, no se si la persona de Coco Chanel me produce simpatía, admiración o manía. Era una mujer ambiciosa, interesada y un pelín “snob”, eso no lo podemos negar, pero su particular visión creativa, casi una filosofía;  su perspicacia, y un dominio impecable del marketing empresarial, la llevaron a crear uno de los emporios de moda con más existo que haya existido jamás, su nombre (o su marca) es indiscutiblemente una referencia innata al lujo más sofisticado, trascendiendo incluso a su imagen y a su vida.

Tuvo una vida sentimental movidita, y supo sacar partido de ella, no sólo a nivel económico; Cocó Chanel supo plasmar como nadie en su creatividad episodios sentimentales que la marcaron, o le proporcionaron placer. De sus amores y frustraciones nacieron iconos que han hecho mella en la elegancia femenina de mujeres, también “icónicas”, ya sea del cine, la política o la alta sociedad. Esos iconos siguen siendo objeto de seducción, elegancia y deseo en la mujer actual; de ahí, creo, mi admiración por una mujer que innovó sin duda.

He asistido a algún que otro debate sobre el papel de Cocó Chanel en la “auténtica” liberación de la mujer, (sin olvidar a otros muchos diseñadores que contribuyeron de manera significativa a ello, como es el caso de Paul Poiret).  En esos debates, siempre en tela de juicio sí realmente fue una mujer brillante, o simplemente fue lo suficientemente perspicaz para aprovechar a su favor el cambio que conllevaba la época en que vivió. Por decirlo de otra manera, hoy en día, momentos en los que la mujer ha conseguido ser valorada no sólo por su papel de madre, esposa o amante, y sí por otras muchas cualidades que nos dan fuerza y presencia; momentos en los que la mujer puede decidir con absoluta libertad que ponerse para sentirse femenina, elegante y cómoda al mismo tiempo… ¿hubiera tenido Gabrielle Bonheur la misma relevancia en el panorama “moda”?. Mientras escribo estas líneas, no puedo dejar de pensar en Anna Wintour…

En cuestión de moda, las mujeres le debemos muchas cosas a Cocó Chanel; la masculinización más sofisticada, y por lo tanto, la comodidad en el día a día femenino. Grandes aciertos, y grandes comodines que siguen funcionando en el guardarropa de toda mujer: el sastre de lana, La “petite robe noire”, el blazer, los cuellos y puños blancos, los zapatos beige con punta negra, el “shoulder bag” acolchado más deseado, como es el caso del 2.55 o el boy, y el collar de vueltas en perlas falsas.

Lo que sí tengo claro es que los tiempos cambiaron, pero la moda que Chanel creó fue altamente subjetiva. Ella se dedicó a crear lo que prefería, lo que le gustaba, lo que era muy consciente que a ella le sentaba bien,  lo que ella consideraba comodidad. Su estilo era definido, no hay más que remitirse a fotos de su vida, y ese estilo personal y subjetivo, lo plasmó con absoluta serenidad en cada una de sus creaciones e iconos.

Genio o no, Cocó Chanel sigue siendo el referente número uno en elegancia y sofisticación. Toda mujer interesada en la moda desearía tener un Chanel en su armario. El genio de las genios generó, y genera el deseo más intenso que se puede llegar a tener por una pieza del universo más incomprensible del mundo,  el universo Moda!.

Hasta Pronto!